Los jefes contra Facebook
Publicado: 18. ene, 2012 en Información general |
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Muchos de los que toman las decisiones en comercios y empresas sostienen que pasear por los caminos sociales de la Web se traduce en una considerable merma en el desempeño de los empleados. Otros, en cambio, aducen que el uso consciente de esta plataforma relaja y que, por tanto, incrementa la productividad. ¿Facebook es mala palabra en tu trabajo o simplemente un lindo recreo?
Las capacidades multitarea son aplaudidas a rabiar en el poblado mundillo tecnológico. Las compañías presumen que sus equipos son útiles para entretener, comunicar y trabajar eficientemente en un mismo movimiento (¡aproveche la oferta señor!), y los usuarios agradecemos la apertura de este particular universo en donde un procesador de texto o una planilla de cálculo conviven armoniosamente con un servicio de mensajería instantánea o, por caso, un álbum de fotografías tomadas en las Bahamas. Pero la moneda informática se lanza al aire y al caer exhibe una de sus contracaras: que nuestra herramienta de trabajo sea un espacio parecido a un club de amigos puede resultar un aspecto negativo para la buena salud de nuestro desempeño laboral.
“Es como meter en la licuadora una máquina de escribir, una calculadora y un parque de diversiones entero”, dijo una vez un compañero de redacción señalando a la notebook que se erguía frente a sus ojos, ofuscado por la distracción, por esa incontrolable compulsión de revisar el correo, chequear muros y enterarse de las noticias en algún periódico digital, incluso en medio de una tarea que le habían encomendado en carácter urgente. Desde los escritorios cercanos reímos por la ocurrencia, aunque la imagen que propuso (esa licuación) expresó una cruda realidad que ahora mismo vivo en carne propia. Mientras escribo esta nota en OpenOffice (el Word de código abierto y distribución gratuita ahora desarrollado por Oracle), una ventana anaranjada con su titilar me llama desde la barra de herramientas. Bill Gates me dice con su Windows que hay tres actualizaciones de sistema pendientes, y Facebook está agazapado en una de las pestañas del Chrome con ese innato poder de atracción que tanto bien le hizo a la billetera de Mark Zuckerberg.
Procuro eliminar toda distracción, concentrarme en la hoja de texto, en mis dedos sobre el teclado y abordar el debate que nos convoca: el uso de Facebook en el horario de trabajo. Existen posturas contrapuestas sobre este respecto: aquellos que aducen que la red social distrae a los empleados y que, por tanto, es un hábito que se traduce en una merma en el desempeño laboral; y los que afirman que establecer períodos de navegación entre muros y perfiles relaja a los trabajadores, en una suerte de descanso digital que, a fin de cuentas, insufla de buen ánimo al trabajador.
Los anti-FB
Con vocales alargadas y micrófono colgante en mano, el presentador de la velada anuncia: “¡En esta esquina del ringside, el aaaaaanti-Facebook: defensor de la productividad, la concentración y la seguridad informática”. Este metafórico púgil es el representante de múltiples compañías alrededor del mundo que han decidido bloquear el acceso a Facebook desde su red de computadoras. De hecho, un estudio a cargo de Cisco Systems da cuenta de un incremento del 20 por ciento en el número de empresas estadounidenses que toman esta decisión; mientras que otro divulgado por Robert Half Technology informa que más del 50 por ciento de las firmas de aquel país prohíbe el acceso social desde las oficinas. En la Argentina no somos ajenos a esta lógica; basta repasar foros nacionales para toparse con oficinistas ansiosos por encontrar una herramienta que sea más poderosa que el bloqueo. Entre las propuestas aparece revisar la dirección DNS del ordenador, modificar el archivo Hosts de Windows, ingresar a páginas puente como unblock-facebook.net o intentar conectarse mediante un Wi-Fi vecino. Incluso existe una herramienta Web mediante la cual es posible acceder al muro de Facebook, aunque ningún jefe se dará cuenta de ello puesto que las actualizaciones se presentan con el formato de una planilla de Excel.
La decisión de bloquear Facebook en el trabajo coincide en tres puntos fundamentales:
A- Que, como se ha dicho, la participación en redes sociales durante el horario de trabajo es causante de una notable reducción en el desempeño y que, por tanto, provoca una considerable reducción en la productividad laboral.
Un informe de la consultora estadounidense United Sample argumenta que la Web 2.0 es responsable del 60 por ciento de las interrupciones durante el trabajo, que en promedio un empleado dilapida cada día una hora completa en Facebook, Twitter y parientes cercanos, y que ello se transcribe en pérdidas de más de 10 mil dólares anuales por contratado.
Con base en entrevistas a quinientos empleados, el detalle demuestra que el 23 por ciento de aquellos lapsos se pierde en el intercambio de emails, el 10 por ciento en diversos programas, el 9 por ciento en Facebook, el 6 en softwares de mensajería como MSN Messenger, el 5 por ciento en mensajes de texto y 3 en las búsquedas web.
“El resultado de este estudio es un tanto irónico. La tecnología, que fue pensada a priori para ahorrar tiempo al trabajador, tiene en realidad el efecto contrario”, explica Yaakov Cohen, consejero delegado de Harmn.ie. “Ha llegado el momento de reconquistar Internet y buscar maneras de controlar la adicción a la red”, añade.
B- Que este hábito es causal de conflictos relacionados a la seguridad informática, abriendo una puerta de acceso a virus, spam y malwares. De hecho, se calculan pérdidas anuales millonarias a causa de dichas intrusiones. Sobre este ítem, el especialista en el segmento Bitdefender divulgó un informe el cual contempla los recientes cambios en Facebook, entre ellos la incorporación de la función Timeline, una suerte de línea del tiempo mediante la cual los usuarios comparten los hitos más importantes de sus vidas. “Con cada vez más información sobre el usuario en su perfil, el problema de robo de cuentas se convertirá en una amenaza cada vez más importante”, sostiene una de las responsables del estudio y agrega que esta red social “está haciendo mucho en cuanto a la mejora de la interacción, pero no hay pasos importantes en materia de seguridad”. En paralelo, la red con 800 millones de cuentas registradas incorporó modificaciones en sus listas, pudiendo diferenciar entre amigos, conocidos y compañeros de trabajo, entre otros. Según Bitdefender, esta situación resulta un arma ideal para los ciberdelincuentres, puesto que la información es pública e indexable en los buscadores. “Los atacantes sabrán exactamente en qué empresa está trabajando una persona, qué trabajo tiene en ella y, aún más, en qué proyecto particular está ocupándose”, sostienen. Además, que la participación de los empleados puede ser un canal de divulgación de información confidencial de la compañía.
C- Y que la interacción virtual de los integrantes de la empresa puede dar paso a engorrosas situaciones. En esta viña fue famoso un caso ocurrido en España, cuando un juez le dio la derecha a la decisión de una compañía que despidió de la plantilla a una empleada que dedicaba gran parte de su jornada a conectarse a Internet. Esta empresa sostuvo que “los recursos tecnológicos son puestos a disposición del usuario para el desarrollo de sus obligaciones laborales” y que “el uso para fines personales está permitido siempre y cuando no genere coste adicional para la empresa y no se consuman recursos necesarios para la actividad empresarial”.
Otro caso elocuente en este terreno es el de una empleada que publicó en su muro de Facebook el siguiente mensaje: “¡Odio mi trabajo! Mi jefe es un total pervertido que siempre me encarga las tareas más tediosas para hacerme molestar, y me mira constantemente. ¡Pervertido!”. Pocos minutos más tarde, llegó la respuesta por parte del jefe que, casualmente, tenía a esta empleada entre sus contactos en la red social. El directivo publicó: “Supongo que olvidaste que me tenías agregado como amigo… Has trabajado cinco meses aquí, ¿y aún no te has dado cuenta que soy gay? Sé que no camino por toda la oficina como una reina, pero no es que sea exactamente un secreto. Por otra parte, tus ‘tareas tediosas’ se llaman tu ‘trabajo’…”. Finalmente, el jefe 2.0 sentenció, en el mismo contexto virtual: “Aún te quedan dos semanas de tu contrato de prueba por seis meses. No te molestes en venir mañana, te mandaremos un cheque de tu sueldo por correo y puedes venir cuando gustes a recoger tus cosas”.
Además del bloqueo existen herramientas que, lejos del castigo impuesto, ayudan a que la naturaleza multi-tarea simplifique por un rato su esencia. Una de ellas es la interesante “Om Writer”, ideal para escribas informáticos que quieren dejar de lado las distracciones. En su nueva versión “Dana”, se trata de una aplicación que despliega una plantilla de texto y elimina cualquier eventual ventana emergente. Además incluye tonalidades y melodías que apuntan a la relajación del usuario a la hora de trabajar. “Bienvenido nuevamente a la concentración”, versan desde el sitio oficial. Aconsejo que no se lo muestren a Mark Zuckerberg, a ver si el muchacho se enoja…
Los que le dicen sí
Como aquellos padres permisivos y relajados, esos que dejan que el niñito se golpee “porque en la experiencia reside el aprendizaje”, también están los jefes que admiten una alternativa a la prohibición y al bloqueo: el uso medido de la herramienta, en este caso Facebook. En esta línea de pensamiento se inscribe una investigación a cargo de especialistas de la Universidad londinense de Goldsmiths, en la cual se afirma que permitir el acceso a las social media, lejos de traer malas noticias para la salud empresarial, aumenta la productividad. A esta tendencia, cada vez más difundida en las oficinas más vanguardistas del planeta laboral, se le denomina “e-descanso”. Sus defensores sostienen que estos lapsos medidos y controlados, que por lo general no superan los quince minutos, aumentan la seguridad y la confianza de los empleados.
Otro estudio consecuente con esta filosofía fue divulgado por la Universidad de Melbourne, el cual asegura que los trabajadores que navegan por razones personales durante la jornada laboral son un 9 por ciento más productivos que aquellos que no lo hacen. Brent Coker, líder de la investigación basada en trescientos encuestados, afirma que es preciso desconectarse por un rato para volver a la concentración y que la relajación discreta conecta la mente con el resto del cuerpo, de modo que permiten un mayor enfoque en el trabajo y el resultado es un incremento de la productividad.
“Las compañías gastan millones en softwares que impiden a los empleados ver videos o usar redes sociales, bajo la pretensión de que cuesta millones por la baja productividad”, afirma este defensor de los descansos con aire digital y agrega que “otro es el caso de los adictos a Internet, quienes generan un efecto reverso al demostrar irritabilidad al momento que no pueden mantenerse conectados”.
De ser cierta esta postura que se presenta al epílogo de este artículo (así lo cree este cronista), una vez más, el antídoto parece estar en la receta del mismísimo veneno. Finalmente, Facebook se ha postulado como una suerte de patio, como el nuevo espacio al que muchos salen “a tomar aire”, a dialogar con amigos y compañeros; en fin, un recreo. Los mismos que históricamente se han topado con un nuevo timbre que anuncia el regreso al aula, al trabajo, a la responsabilidad que llega después de un descanso.
Uriel Bederman
uriel.bederman@dattamagazine.com
Este artículo pertenece a la edición de noviembre de 2011 de DattaMagazine. Podés leerlo en su versión original en http://dattamagazine.com/noviembre-2011/


